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Eficiencia mental e influencia.

Unos de los dictámenes fundamentales de la sostenibilidad es sin duda la eficiencia, la capacidad de lograr el resultado deseado usando el mínimo posible de recursos, sean ellos físicos o temporales. Gracias a la eficiencia podemos lograr obtener más, invirtiendo lo mismo, u obtener lo mismo invirtiendo menos.


Ser más eficiente puede llevarnos a disminuir nuestro impacto ambiental, pero no es ninguna garantía de ello. Como nos hacía notar hace años, el comediante italiano Beppe Grillo, cuando nos recordaba la paradoja del progreso: hace menos de 100 años para obtener la misma producción agrícola hubiésemos necesitado 10 veces más de tiempo de lo que necesitamos ahora, pero, hoy en día, nos demandan producir 20 veces más, hecho que finalmente nos lleva a trabajar el doble.



La eficiencia mental

La eficiencia es también uno de los parámetros que utilizamos para evaluar la sostenibilidad de nuestra forma de pensar y aprender a ser más consciente de cuantos recursos cognitivos y comportamentales estamos invirtiendo en pensamientos, razonamientos y acciones que, a veces, no nos llevan a ninguna parte.


Aprender a pensar de una forma más eficiente empieza por entender que como sujetos activos sembramos causas, pero no tenemos ninguna garantía de cosechar los efectos deseados porque, la mayoría de ellos, como señalaba Stephen Covey, están fuera de nuestro círculo de control.


Parece una reflexión obvia, pero a menudo, lo obvio nos pasa desapercibido y vivimos como si estuviésemos jugando a la lotería y nos castigáramos cada semana porque no ganamos.


¿Es posible ganar a la lotería sin comprar el boleto? No.

¿Hay alguna garantía de ganar a la lotería cuando compras el boleto? No.

Afortunadamente, en la vida cotidiana, la probabilidad de obtener un resultado plausible tomando una decisión acertada es mayor a la probabilidad de ganar a la lotería, pero sigue siendo una probabilidad que aumenta cuanto mayor es nuestra influencia real sobre el efecto deseado.





Los círculos de Covey

Volviendo a los círculos de Covey, el primer círculo es el círculo de control. En este primer círculo todo depende de nosotros porque contiene todo lo que pensamos, que sentimos y cómo decidimos reaccionar a lo que sucede. Las acciones más eficientes pertenecen a este círculo porque la relación causal, entre esfuerzo y resultado, es máxima. En este círculo el esfuerzo siempre merece la pena. El Sustainable Thinker más efectivo invierte en él.


En el secundo círculo, el de influencia, están la mayoría de lo que vivimos en nuestro día a día, las personas, las situaciones y las circunstancias sobre las cuales podemos tener una cierta influencia, pero que no dependen totalmente de nosotros. Recordemos que podemos poner las causas, pero nadie nos garantiza sus efectos. Por esta razón, en esta área necesitamos aprender a definir correctamente nuestros objetivos y a controlar nuestras expectativas y posible frustración.


El último círculo, el más externo, es el círculo de la preocupación o de no control. Aquí por mucho que te esfuerces, te preocupes, te enojes, llores o te enfades, las cosas, probablemente seguirán su curso.


¿Significa todo ello que no tienen sentido ponernos metas y esforzarnos para conseguirlas? No, en absoluto. Simplemente, significa que si queremos pensar de una forma más sostenible, para ahorrar recursos mentales y comportamentales sería más racional implementar estrategias que mejoren nuestra eficiencia.


Algunas preguntas

Propongo algunas reflexiones que nos puede ayudar a lograr una mayor consciencia sobre el valor de lo que deseamos y nuestra responsabilidad e influencia para obtenerlo.


1. ¿El objetivo realmente merece la pena?

Antes de empezar a gastar recursos cognitivo-conductuales, parémonos, aunque sean unos minutos, para reflexionar. ¿El objetivo que tengo es un deseo o una necesidad? ¿Si calculo el coste de mi objetivo en horas sigue pareciéndome importante? ¿Sea lo que sea lo que quiero lograr, realmente con mi acción y esfuerzo lo puedo conseguir? ¿Depende de mí? ¿En qué círculo lo puedo situar: control, influencia o no control?


2. ¿Puedes reconducir el objetivo dentro de tu círculo de control?

Muy a menudo buscamos lograr algo o modificar una situación externa antes de invertir recursos en cambiar nuestra reacción interna. ¿Si lo que deseo se supone me haría sentir mejor, puedo lograr sentirme igual de bien cambiando alguna creencia o idea que tengo?


3. ¿Puedes encontrar una forma más eficiente de lograr lo que deseas?

Hay mucha probabilidad que si el resultado deseado está en tu círculo de control, lo puedas lograr de muchas formas. Potencia tu creatividad y ábrete a más opciones sin cegarte en una sola. La eficiencia pasa muy a menudo por la flexibilidad. Recuerdo una familiar que se peleó toda su vida para que su pareja le llevara a bailar, cuando hubiese sido mucho más eficiente, buscar un club de amigos de baile de salón e ir con ellos, dejando el marido tranquilo en casa.


4. Si detectas que el objetivo está fuera de tu control, cambia de objetivo.

A veces la humildad es la más eficiente de las estrategias. Cuando algo está totalmente fuera de tu control, lo mejor es o cambiar de objetivo o seguir soñándolo, pero invirtiendo lo mínimo de lo mínimo en ello, como podría ser invertir un euro semanal para tener alguna probabilidad de poder ganar La primitiva.


Aunque la responsabilidad de las causas que sembramos con nuestros pensamientos, decisiones y acciones depende integralmente de nosotros, si realmente queremos aprender a pensar de una forma más eficiente, necesitamos evaluar la importancia de nuestros objetivos y nuestro nivel de influencia.


Mejorar nuestro bienestar

Puedes aprender las estrategias metales y conductuales del Sustainable Thinking (Pensamiento Sostenible) para pensar, sentir y actuar de una forma más eficaz, eficiente y coherente con tus metas y valores. Mejorar la calidad de nuestra vida, gozar de nuestras metas y aprender a ser más felices es una cuestión de entrenamiento.


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Muchas gracias de antemano.

Luca



1 Comment


Tesis muy acertadas.

Te sigo leyendo.

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